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Cómo se fabrica el mejor caballo de polo que vale como un auto de lujo

Con tecnología genética y cuidados dignos de un spa, Argentina produce los mejores caballos de polo del mundo. Secretos de una industria de exportación.

A 36 metros de los dos postes de mimbre que forman el arco, Cuartetera camina firme y serena a ejecutar el penal que será su última jugada de gol en Palermo. Es una de las mejores yeguas que ha practicado polo. Quien la monta es Adolfo Cambiaso, crack de La Dolfina, considerado el mejor polista de la historia y el hombre que llevó a una masividad inédita un deporte siempre desconfiado bajo el rótulo de elitista.

Si Cambiaso es el Messi del polo, Cuartetera es, como mínimo, su tren inferior, su pierna izquierda. Pero ahora, a los 14 años, juega el último chukker de su última final y a cuatro minutos del campanazo, necesita un paso tranquilo que permita a su jinete dar un golpe preciso, anotar el gol y estirar a dos la ventaja sobre La Ellerstina, el clásico rival, el River de su Boca. El tiro es bueno y el partido queda 13-11.

La siguiente jugada es veloz, una falta sobre Facundo Pieres le da un penal a La Ellerstina y Cambiaso se ve obligado a cerrar el partido arriba de otra yegua que esté menos cansada. Si fuera fútbol, este es el momento en que la cancha se derrumba en aplausos. Por un costado de la cancha 1 de Palermo, y en discreto silencio por la tensión de la final, se retira la mejor yegua que jugó el mejor jugador del mundo.

Caballo de Polo
Aquagym. En una colosal pileta de 1,5 millón de litros, los expertos controlan el frente inferior del animal.

Como Messi, Ginóbili o el propio CambiasoCuartetera es una en un millón, pero también es el resultado de una industria que busca producir cada vez más y mejores caballos de polo, echando mano a tecnología reproductiva y genética de vanguardia, pero manteniendo el espíritu artesanal, romántico y campestre, que tiene el oficio de la crianza.

Esta industria viene creciendo desde hace más de treinta años y ha revolucionado la manera en que se juega al polo, no sólo potenciando al país como el principal referente mundial sino también cambiando la dinámica del deporte dentro de la cancha. Lo volvió más rápido, más preciso, más intenso. Nuestro país es sede de la Triple Corona, los tres abiertos más importantes del planeta: Tortuguitas, Hurlingham y el Abierto Argentino, o Palermo. Cada año, cientos de turistas visitan Buenos Aires sólo por el fin de semana de la final para estar en una de las tribunas. Para que quede claro: Argentina no sólo encabeza el ranking. Está uno o dos escalones por encima del segundo. Es la meca.

Por eso los caballos que juegan aquí son estrellas y reciben tratamientos y cuidados premium. Planes de alimentación, entrenamientos personalizados, pretemporadas, clínicas de rehabilitación especializadas en equinos y una variedad de cuidados acorde a lo que son, deportistas altamente profesionalizados y de un valor incalculable. Ningún polista de élite vendería a uno de sus mejores ejemplares. Ni por un cheque en blanco. Y se los han ofrecido.

Caballo de Polo
Reducción de impactos. Caminando en el agua, los caballos entrenan para competir.

Para alimentar un mercado interno tan competitivo, cada año se producen entre cinco y siete mil caballos de la raza Polo Argentino, surgida del entrecruzamiento de mestizos del campo con Pura Sangre. Como un semillero de divisiones inferiores donde a los jugadores se los empieza a formar desde los genes, los caballos que se conciben son hijos de otros que se hayan destacado en el polo. Diversos estudios científicos han demostrado que hay una enorme heredabilidad en este tipo de características deportivas, por lo que aquí venir de una buena familia lo es casi todo. Para potenciar y proteger ese pedigrí se fundó la Asociación Argentina de Criadores de Caballos de Polo (AACCP), que nuclea desde 1984 a casi 600 criadores de todo el país y que lleva el registro genealógico de cada ejemplar que nace.

Entre fines de los 80 y principios de los 90, además, desembarcó en el polo la transferencia embrionaria, una nueva técnica de reproducción asistida que revolucionó el tablero de juego. Como el ciclo de gestación dura once meses, aquellas madres que quedaban preñadas tenían que dejar las canchas por un tiempo, sin contar el hecho de que pueden tener, máximo, una cría por año. La transferencia hizo posible inseminar una yegua de buena genética y, antes de que el embrión prenda, transferirlo a una madre receptora para que siga el embarazo. Esta técnica no sólo permitió que sigan jugando, sino que multiplicó la cantidad de crías por año.

Caballo de Polo
Es una luz. En gabinetes especiales, secan a los caballos después de las caminatas en el agua.

“La transferencia embrionaria es una técnica que permitió un salto de calidad porque permitió sacar de una misma yegua cuatro, cinco o hasta seis potrillos por año. Entonces se empezaron a seleccionar las mejores, que a su vez fueron sacando caballos mejorados y desarrollando la raza”, explica el veterinario Guillermo Bill Buchanan, miembro de la AACCP y una de las eminencias de la cría en el país. Enriquecer el capital genético de los Polo Argentino hizo que subiera la media de caballos y, con ello, la calidad del deporte. “Antes se jugaba a tirar al área y correr a la bocha. Hoy hay más dominio y control para llegar a la jugada.Y los caballos se adaptaron a ese juego porque son aptos para hacer estos ejercicios que se les piden”, resume Buchanan.

Para los criadores inscriptos en la AACCP, el anhelo es conseguir un ejemplar que juegue la Triple Corona. Para ellos, que uno de sus caballos gane premios valida el trabajo y la genética de sus haras (establecimientos donde se los cría), lo que se traduce en mayores chances de vender a los hermanos, hijos o hasta clones del campeón. Existe un halo de misterio sobre los precios que se pagan, pero un ejemplar base puede rondar los 10 mil dólares en un remate público y trepar hasta los 100 mil. El récord (conocido) fueron los 490 mil que se pagaron en 2010 por Fina Pepa.

Spa de caballos

Sobre finales de septiembre comienza el abierto de Tortuguitas y con él la Triple Corona, los tres meses clave para la competencia. Cada polista lleva un palenque de entre siete y diez caballos a cada partido, a los que suelen rotar cada tres o cuatro minutos para tener piernas siempre frescas. Afuera de la cancha tienen un equipo que hace trabajos de recuperación muscular a cada animal para que vuelva a entrar como nuevo. Los mejores caballos de cada polista, sin embargo, pueden preservarse sin jugar hasta las finales, a la espera de los momentos donde las papas queman y solo definen los mejores. Es decir, que juegan menos de una hora al año.

Finalizada la competencia, hacen trabajos de descanso y rehabilitación muscular por unas semanas o se operan si llegaron con dolencias. Hasta marzo pasan por centros de reproducción y luego son librados a correr en los campos, donde tienen entre tres y cuatro meses de vacaciones. Es normal que en ese período ganen peso, por eso a mitad de año vuelven a entrenar y realizan pretemporadas. Son los meses de mayor trabajo para la clínica Kawell. Ubicada en San Antonio de Areco, provincia de Buenos Aires, es un centro de rehabilitación y hospital equino único en el mundo. Tiene guardia las 24 horas, neonatología, reproducción, cirugía, laboratorio clínico, rehabilitación deportiva y pretraining.

caballo de polo
Recompensa. El terrón de azúcar es un clásico para premiarlos.

“A fin de año, los caballos llegan con lógicos estados de fatiga muscular y dolencias por el esfuerzo del trabajo. Acá se los relaja y se tratan sus dolencias físicas con fisiorerapia, magnetoterapia, ultrasonido, láser. Todo lo que vas a encontrar en humanos pero adaptado a caballos”, explica Alejandro Guglieminetti, su director médico.

Para ello, tienen un predio de 36 hectáreas, 8.400 metros cuadrados de edificación y capacidad de internación para 54 animales. Cuentan con la única cámara hiperbárica de la región y una de las diez que hay en el mundo, una tecnología de rehabilitación que consiste en administrar oxígeno puro a gran presión para oxigenar tejidos y mejorar la recuperación. También tienen un aqua treadmill, una caminadora dentro de una pileta que permite ejercicios de trote de bajo impacto. Con una capacidad de 1,5 millón de litros, esta colosal pileta tiene un cuarto sumergido para que los médicos vean el movimiento del tren inferior de los caballos debajo del agua.

De los establos al Abierto de Palermo

Como si de obras de arte se tratara, la labor para criar un caballo de polo casi roza lo artesanal. Con los potrillos recién nacidos se trabaja para que se familiaricen con el hombre y no lo perciban como una amenaza. Durante los primeros dos años se realizan algunos avances hasta que comienza la etapa de doma, que dura hasta los tres años, y en la que se trabaja la boca del animal (el freno), los costados (la capacidad de doblar) y la mansedumbre. Si está apto, a los tres años comienza el período de hechura, el entrenamiento específico para que juegue al polo.

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La hechura es una de las etapas más difíciles. “Muy pocos caballos salen buenos. Es como los futbolistas, que se anotan mil y salen solamente cinco. Quizás todos juegan, pero que te sirvan son pocos, un porcentaje bajo”, grafica Adolfo Cambiaso en diálogo con Viva. Además de polista, Cambiaso es criador, una tendencia que fue en aumento entre los jugadores de mayor nivel, que optan por armarse de estructuras propias para abastecer su palenque. Traducido al futbolero, apuestan por tener más inferiores y que los caballos salgan a su gusto en lugar de tener que buscar aquellos que se adapten a sus características.

Caballo de Polo junto a su petisero
Petisero psicólogo. Hernán Gratone es uno de los petiseros de la Clínica Kawell. Su función es generar un vínculo con el animal.

La tarea de los petiseros, los obreros silenciosos de toda esta factoría, también es clave. Tienen el ojo entrenado por pasar tardes enteras en los establos aprendiendo a interpretar el lenguaje silencioso del susurro de los caballos. Un cambio en el pelaje, un ligero defecto al pisar o una comida que se deja por la mitad indican un problema a resolver. Hay que conocer la psicología de cada uno de ellos, formar el vínculo, entender qué está queriendo decir. Cada petisero tiene su secreto y su técnica. Algunos hablan con los caballos, otros les ponen música. Lo que no existe es la sistematización. Cada caso es único.

¿Cada caso es único? Cuando arranque la temporada de alto Handicap 2016, Cuartetera va a estar disfrutando de su merecido retiro, preparándose para el inicio de la competencia y va a estar comenzando la hechura, todo al mismo tiempo. Aunque fue un animal irrepetible, la ciencia está probando perpetuarlo a medida que la clonación se vuelve una realidad en el ambiente.

En 2009, Cambiaso se asoció con Alan Meeker, un magnate norteamericano fanático del polo, y nació Crestview Genetics. En 2010, la compañía sacó a remate el primer clon de Cuartetera, por el cual el tenista David Nalbandian y el empresario Ernesto Gutiérrez pagaron 800 mil dólares. Así como la transferencia embrionaria cambió todo, Cambiaso cree que los clones son la próxima revolución. “Creo que esto va a dar un mejor promedio de caballos jugadores porque acá clonás una yegua a la que le conocés el temperamento, mientras que la transferencia te da un embrión nuevo que no conocés”, resume. En su experiencia, los ejemplares clonados juegan todos bien y bastante parecido al original. E incluso sostiene que copiar lo seguro es negocio. “Puede ser más caro hacerlos, pero al final es barato porque no hacés tanta cantidad para sacar tres buenos”, afirma.

Es que clonar un ejemplar puede costar 120 mil dólares y tampoco es garantía. Así lo ve Delfín Uranga, criador desde hace más de 20 años y presidente de AACCP. “Personalmente creo que, si bien es un animal parecido, no deja de ser un nuevo individuo. Incluso la genética va mutando, es epigenética”, afirma. A diferencia de las carreras de caballos, que prohíben incluso la inseminación artificial, el polo fomenta todo lo que sea avances técnicos.

El Proceso de Doma de un Caballo de Polo

Para cualquier polista, jugar en la Argentina da pérdida. Lo que ganan en los torneos de Triple Corona no les alcanza para cubrir costos, pero lo hacen igual por la gloria: es el equivalente a jugar un Mundial. Además, una actuación destacada puede traer una invitación a jugar el resto de la temporada en el exterior, donde sí se hace la diferencia económica. Por eso, la clonación y sus costos podrían atentar contra estructuras más chicas, sin el capital para fotocopiar lo mejor de lo mejor. Actualmente, solamente dos empresas en el país tienen la capacidad de clonar caballos y una es de Cambiaso, ganador de 9 de los últimos 9 torneos de Triple Corona.

Aunque el futuro se debate entre clones sí o no, transferencias u otras técnicas de laboratorio, siguen siendo los campos y los haras los lugares donde el polo realmente se cocina. Allí, caballos y jinetes se tantean, se conocen, se potencian y se buscan para formar un binomio y llegar, si los dos están para grandes cosas, a formar juntos un jugador. Y como en todo deporte de equipo, aunque la frase es de otra rama equina, recién en la cancha se verán los pingos.

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